martes, 25 de enero de 2011

de anécdotas y verdades

tengo un problema.

mi problema es que no puedo dormir con el celular apagado.

por mi autoconvencida yadeporsíbásica conciencia ecológica, lo considero una debilidad más que un problema.

conozco la raíz de todo esto: en las vacaciones de (creo) cuarto a quinto año, una querida amiga tuvo un verano intenso y solía llamarme y/o mandarme mensajes religiosamente todas las madrugadas para contarme sus venturas y desventuras. esto era, no sólo más que muy interesante, sino digamos un deber y un honor como amigo ser la persona que sabía en qué andaba ella por las noches. -no cambiaste nada-

y así empezó todo. quinto no fue un año de excepción en ese sentido, siempre había algo para contar. después de quinto llegó la novia. por respeto cuando dormía con ella ponía el teléfono en vibrador / silencio, pero si estaba solo entonces lo dejaba prendido porque ella siempre se dormía más tarde y quería recibir su besito de buenas noches. lindas costumbres algunas.

y así pasaron los años. siempre me gustó ser la persona a la que podés llamar o mandar un mensaje a la hora que sea. no siempre respondo porque a) no siempre me despierto y b) no siempre me dan ganas.


¿uy, te desperté? sí, son las 4 de la mañana. pero no pasa nada, por algo dejo el teléfono prendido.


condeno a quienes dejan el teléfono con sonido / vibrador y se quejan porque tu mensaje los despertó.
lo siento mucho, las precauciones las tiene que tomar quien no se quiere despertar. pero bueno, de ahora en más te mando después de las ¿10? ¿11?. muchas veces escribí mensajes en el colectivo a las 7 am y los guardé en borrador para no cargar con la responsabilidad de asesinar el sueño ajeno.


básicamente, no me gusta perderme de nada. pero además tengo un secreto, un pequeño placer equiparable a comer dulce de leche a cucharadas. hay pocas sensaciones tan buenas como decidir hoy duermo con el teléfono apagado (o en absoluto silencio), sin despertador, y que en el mundo pase lo que sea, que se caiga el muro, no me importa, yo voy a estar durmiendo.







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